¿De qué sirven las promesas? Nadie debe saber muy bien, todos las hicimos alguna vez, y todos hemos deseado no haberlas hecho. La cuestión es que hoy hice una promesa, medio implícita pero igual cuenta, de escribir sobre algo, que se parió del clicheado "todos los días se aprende algo nuevo".
Estoy segura de que el inventor de dicho dicho no hizo una tarea sobrehumana, seguro que nadie lo aplaudió cuando lo dijo por primera vez, ni habrá escrito un libro sobre el tema, ¿qué editorial lo hubiera publicado? (Aunque hubiera estado genial un libro con un tema por página y trescientas sesenta y cinco páginas - o sesenta y seis si justo ese año fuera bisiesto - y cada día, literal, aprendes algo nuevo).
La conexión entre este "todos los días se aprende algo nuevo" y la realidad es para mí una simple coincidencia del destino. Muchos de los "grandes" pensadores (¿se les dirá grandes por lo viejos?) se la pasaron diciendo cosas que eran tan obvias, y hoy son reconocidos por ellas. Son guachiguau porque las dicen pensadores, pero si tu tía Martita en la cena de fin de año o en el cumpleaños de tu otra tía, Pocha o Gladys indistintamente, te dice "pienso luego existo" el comentario familiar hubiera sido pobre Martita, mirá que mal se puso, esta grande (como los pensadores), debe ser una enfermedad que todavía no le descubrieron, la verdad que los médicos en este país son una porquería... Y podríamos seguir porque esas conversaciones también son tan clicheadas como el "todos los días se aprende algo nuevo".
Es tan obvia esta obviedad que la pasamos desapercibida y cuando la escuchamos nos sosprendemos. Si no, hay que pensarlo a la inversa: ¿cuándo no aprendimos algo un día? Puede ser cualquier cosa, que hay dos remedios que se llaman distinto y son lo mismo, que tal librería es cara, que planchar las toallas es una actividad al pedo, qué es un bastago, o por qué los osos engordan cuando hibernan. Esas dos últimas cosas aprendí hoy (entre otras).
Y si ustedes quieren aprender qué es un bastago, o por qué los osos engordan cuando hibernan, yo no se los voy a decir. Porque cada uno aprende cosas distintas todos los días. Y por ahí no les tocaba a ustedes eso hoy. Por ahí les tocaba la revelación de que el "todos los días se aprende algo nuevo" es un mero cliché, hábito, o similar que nos deja ciegos en vez de hacer de linterna para ver mejor. Ya sé lo que están pensando, que por algo existen los clichés. Y yo pregunto, ¿quién se quedó ahí, sentadito en el cliché y en la repetición, esperando que algo pase, en la comodidad del hogar a leña y un sillón hollywoodense bien mullidito, pero todo bien gris y liso, y fue feliz?
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