martes, 10 de septiembre de 2013

Ola de Calor

Cuando mi cuñada y yo nos enteramos que iba a haber una ola de calor para hoy y mañana, las dos pensamos lo mismo.



Ella vive en San Fernando, con su marido casi nuevito; y yo en el far West, por donde pasan trenes viejísimos como el Sarmiento. Ella tiene rozagantes 30, yo 23 y ojeras. Ella estudia y labura de contadora; yo intento no ahogarme en los libros sabiendo que es al pedo, porque en una entrevista de trabajo jamás me preguntaron si conocía las ideas de Adorno y Horkheimer, o si estaba de acuerdo con la tríada de Peirce, o qué opinaba de las ideas funcionalistas de la primer mitad de siglo XX.




Ella tiene tres hermanas y media y un hermano, que si linkeamos es mi novio. Su adolescencia la vivió conmocionada por separaciones de padres, éxodos de hermanas, nacimientos de sobrinos, trabajos para ayudar, y un noviazgo que se consumió lento, pero se apagó al fin, y por suerte. Recién para pasados los 25 buscó su pasión, el escenario, las bambalinas, buscando algún pánico escénico. Estudió, estudió, viajó, soportó (su marido también); y entendió que no siempre seguir la vocación es seguir la felicidad. Compra unos sillones hermosos, tiene buen gusto, y siempre se acuerda de vos cuando se va de viaje. Y cuando a alguien le falta algo, para todo lo demás existe la tarjeta de Flor. Mi cuñada es una GRAN cuñada. 




Yo crecí en una familia tipo, en un barrio tipo, yendo a la misma escuela católica hasta que tuve 18, siempre tuve las mismas amigas. Me prometí a alguien desde joven, y lo más revolucionario que hice fue cambiarme de carrera dos veces. La cara de mi viejo. Trabajé con mi mamá hasta que conseguí otra cosa. Siempre esperé mucho de la vida. 




Y conocer a esta familia, la de mi novio y mi cuñada, me hizo pensar que haber esperado cosas, rezongando, no es lo que me gustaría recordar cuando esté sentada en una mecedora viendo al Tinelli que aparezca en la tevé del futuro. Me gustaría recordar lo que disfruté las pastas de los domingos, las películas en el cine, los viajes, los chistes de mi abuelo, los enojos de mi viejo y mi hermano cuando pierde Racing... 




Y las risas con mi cuñada cuando cruzamos unas brevísimas palabras sobre la ola de calor de hoy y mañana, y al unísono dijimos:




"¡Me tengo que depilar!" 




Y risas.




Mi cuñada es una GRAN cuñada.

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