jueves, 11 de junio de 2015

La caída

Hace un rato que estoy cayendo. 

Cuando uno cae empieza desde acá:                           





Y después, va cayendo. 




El aire es liviano, liberador. Nos saca las basuritas de los ojos. 
Nos deslumbra.

Todo brilla tanto que no podemos ver. 



Es todo gigante. Miramos alrededor. No somos concientes de lo que hace nuestro cuerpo, lo que corre por abajo de la piel, no nos preocupa. No extrañamos la seguridad de la firmeza. Podríamos estar vestidos o desnudos, no nos importa. 



Solo estamos nosotros y el aire. 








En el medio nos aburre esa sensación. Se nos oprimen los oídos, nos cuesta entender lo que está pasando, algo nos ata - o no - y no sabemos bien cómo nos sentimos. 
Pero estamos bailando con el aire, con la caida. 



Existimos. 
Nos damos cuenta que estamos cayendo, que la gravedad existe. Nos pesa caer. 
Sí, teníamos peso. 



No somos tan libres. 



Luchamos contra el aire. 



No vemos dónde vamos a parar. 


No sabemos si vamos a parar alguna vez. Nos parece eterno. Todo sigue siendo gigante, pero ahora también es inabarcable. 
Inentendible. 




Ahora el aire nos ahoga. 





Pero seguimos cayendo. 
No podemos hacer nada para evitarlo. 
Ni para dejar de pensar en dónde vamos a caer. 


¿Importa?












Hasta que toquemos tierra. Y es dura. Aunque sea firme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario