Siento la
falta de aire. No es el calor, el frío, la humedad…
Es… bueno
básicamente la sensación medio ilusa de que ya no quedan en tus pulmones esas
celulitas que se encargaban de convertir el oxígeno en dióxido de carbono (o
algo así era) con la síntesis de todo ese proceso en la palabrita “respirar”.
Res-pi-rar.
Tres sílabas que definitivamente no estoy pudiendo concretar, y por eso quedan
en eso, en ser tres sílabas, o una palabra, que ni siquiera tiene la chance de
estar en una oración.
Paráfrasis.
Siento la presencia de vacío.
Dícese de
vacío aquello que está “lleno” de nada, valga la paradoja. Pero nada, es a la
vez todo porque, ¿qué es la nada? Si es nada, es todo. Como cuando te preguntan
¿Qué hacías? Y vos respondes (autómata, obvio) “Nada, ¿vos?”. No es que en
realidad no estabas haciendo nada, es que estabas haciendo todo – entre esas
cosas, respirando – pero no ibas a decir “estaba respirando, caminando, viendo,
oliendo, oyendo, digiriendo, pensando” y demás etcéteras. Decís “nada”, porque
nada en realidad es todo.
Y si el
vacío es estar lleno de nada, o de todo, no importa. Lo que sí me importa es
que yo no puedo respirar, aunque ese vacío lo sea todo, y tal vez por ese todo
es que me falta el aire.
En realidad
creo que es tu ignorancia la que me está sacando (el aire, por supuesto).
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