martes, 25 de diciembre de 2012

De alvéolos



Siento la falta de aire. No es el calor, el frío, la humedad…
Es… bueno básicamente la sensación medio ilusa de que ya no quedan en tus pulmones esas celulitas que se encargaban de convertir el oxígeno en dióxido de carbono (o algo así era) con la síntesis de todo ese proceso en la palabrita “respirar”.
Res-pi-rar. Tres sílabas que definitivamente no estoy pudiendo concretar, y por eso quedan en eso, en ser tres sílabas, o una palabra, que ni siquiera tiene la chance de estar en una oración.
Paráfrasis. Siento la presencia de vacío.
Dícese de vacío aquello que está “lleno” de nada, valga la paradoja. Pero nada, es a la vez todo porque, ¿qué es la nada? Si es nada, es todo. Como cuando te preguntan ¿Qué hacías? Y vos respondes (autómata, obvio) “Nada, ¿vos?”. No es que en realidad no estabas haciendo nada, es que estabas haciendo todo – entre esas cosas, respirando – pero no ibas a decir “estaba respirando, caminando, viendo, oliendo, oyendo, digiriendo, pensando” y demás etcéteras. Decís “nada”, porque nada en realidad es todo.
Y si el vacío es estar lleno de nada, o de todo, no importa. Lo que sí me importa es que yo no puedo respirar, aunque ese vacío lo sea todo, y tal vez por ese todo es que me falta el aire.
En realidad creo que es tu ignorancia la que me está sacando (el aire, por supuesto). 

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