sábado, 29 de noviembre de 2014

Cómo extrañar un cepillo de dientes

Hágase querer por alguien, enamórelo, conviértase en su máxima alegría. Deje esta relación en el horno por bastante tiempo, que se cocine y tome forma, y dese cuenta, más o menos a ojo, cuándo retirarla. Tiene que estar en la temperatura ideal y la masa lo suficientemente formada. Va a notar como el fuego del horno hace el amor con la masa, no se altere. Pero es importante que no la queme.
Una vez realizado esto, lo único que tiene que hacer usted es estropear la masa. Para esto usted posee múltiples opciones, casi infinitas: tire la masa por la ventana (ojo con quemarse, recuerde que está caliente), córtela en varios pededacitos chiquitos, métala en vinagre, métala en el frizzer, písela con los zapatos, désela al perro para que juegue, póngala nuevamente en el fuego hasta que se haga cenizas.
Le garantizo que una vez destruida la masa va a extrañar definitivamente a ese cepillo de dientes.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Desencuentros

Me gustaba cuando yo no era tan certera, y vos no tan rutina. Te adivino. No soy amateur en tu lectura
Me gustaba cuando el perfume era para mí.
Qué lindo sería no ser tu centro y sin embargo ser un camino paralelo, que mezcla calle y vereda, y medio que sabés donde termina una y empieza la otra, pero hay algo que las hace una sola.
Sentir tus brazos. Sentirlos sin hacer nada, rozarlos sin distinguir si están haciendo fuerza o relajados. Sentirlos apoyados en mis hombros, muertos y vivos. Resucitar con las tenazas en la cintura que me toman, y arrastran mi espalda contra las sábanas.
Qué linda tu conquista cuando tiene intención.
Qué linda cuando no la opaca mi desesperación.
No resistir nada. Confiar en tu comportamiento. Nunca me harías mal.
¿O si?

jueves, 6 de noviembre de 2014

Alambre

Eso que nunca tuve (¿que siempre envidié?), que abunda y escasea, que es como la soja, sube y baja. 

Sencillez es blanco, claridad, es ver el polvito del aire en primavera. Sentir que el aire que entra está limpio, sonreír por eso. No querer prender la luz y querer abrir la ventana. El mate es sencillo, ¿ves? Es fácil tomarlo, no se termina rápido pero no es eterno, no te deja pipón y te permite acompañarlo con algo.

Yo quiero ser sencilla, y siempre me vendieron que lo sencillo daba pobre. Que un regalo es mejor envuelto con papeles de colores que con uno liso. Que la ropa con etiqueta habla mejor de vos. Que los autos con brillo esconden mejores historias que los que se quedan en la ruta. 

Me lo vendieron, ojo, y yo compré. Compré, me quedé chocha y volví al local, y las chicas que lo atienden me conocen y hasta tengo libretita para llevar en cuotas fijas sin intereses. Me avisan cuando hay descuento con los bancos, y saqué cuentas en todos ellos. 

Me vendieron que lo sencillo daba pobre, y de regalo con mi compra, me dieron la complejidad que "vas a ver te queda perfecta, ¡ni que la hubieran hecho para vos!". ¿Saben? Por algo son vendedores y no jueves, porque encajarle cosas inservibles a la gente les sale re bien pero para leer la letra chica tendrían que volver a primer grado. 

 Igual, me estoy yendo. No soy una denunciante a defensa al consumidor. Ellos me lo vendieron y yo dije, extasiada, "¡Sí, lo llevo! No, no es para regalo, es para mí", abrí la cartera, revolví entre las tres millones de cosas que tengo ahí - obvio, porque nunca sólo lo que necesito, eso sería de pobre (¿de sencilla?) - saqué la billetera, la abrí, revisé todos los tickets del super, de librerías, de la SUBE, de ropa, y llegué a las tarjetas, y pregunté cuál tenía descuento, y si además aplicaba alguna de las tarjetas de descuento de los bancos, y me informaron, la busqué, busqué mi documento y me dijeron "Guarda eso, ni que nos fueras a estafar" (risas, macabras (¿ellas o las risas?)), y 

pasé la tarjeta

puse el pin

me dieron el ticket 

y agarré la birome del escritorio, no hizo falta que me la dieran

y firmé,

con nombre y apellido, DNI y teléfono (a pesar de los pedidos de "dejá, nosotras lo completamos")

y le devolví el ticket firmado, la birome. 

Y me dieron a cambio una bolsa grande, estridente, incómoda de llevar, que pincha, que hace picar que es demasiado grande para llevarla sola, sin auto o lo que sea, que no entra en ningún lado, y que lo que contiene es un nido de alambre, que lastima, que lacera, que no se lo puede poner nadie sin ahogarse, sin tener algo de masoquista o suicida... 

En la bolsa venía la complejidad. Que me puse orgullosa, claro. Y, por rebuscada, gigante e incómoda, en la primera de cambio que salí a la calle me llevé puestas muchas personas, que se cayeron lastimadas, y yo seguí, porque el alambre me hacía ver partes nada más: personas torpes que se tropiezan o que se caen al ver que ahí viene alguien majestuoso lleno de alambres. Desubicados, ¿no?

Y después me llevé puesta a gente que quiero. ¿Que me quiso? 

Y de repente, por la fuerza, vi los alambres, y me los saqué. Y vi todo blanco. Y yo, sola.