Me encanta leer. Leo lo que hay. Leo los carteles en la calle, la información nutricional de las galletitas, la parte de atrás del shampoo. Leo libros, los best seller y los de autores desconocidos. Leo posts en Facebook, leo tweets, leo la barra de opciones para editar el texto que ahora estoy escribiendo. Porque escribo pero puedo al mismo tiempo leer. Debe ser una especie de adicción, TOC, algo así, y seguro a la noche volviendo de la facultad y cuando no me queden más cosas que leer en el colectivo, me ponga a buscar en Wikipedia si tal adicción, TOC, o lo que sea existe.
Leí a Marx, a Freud, a Kant, a Goethe, a Descartes. A Fernández, a Verón, a Laclau, a Barthes, a Peirce, a Bourdieu. A Giocconda Belli, a Borges, a Córtazar (y cuántas veces). García Márquez, Vargas Llosa. Los chistes de Nik en el diario. Leí los diarios, los que se compra mi papá el domingo porque tiene un no resuelto con la muerte de mi abuelo, los que se compra mi novio por la tarjeta de descuento, los que me hicieron comprar para algún trabajo, los que leí en Internet, los que me encajaron en el subte. Leo los ojos. Leo el fruncir de los hombros, leo cuando se viene algo. Huelo lo que leo.
Leí tanto que seguramente aunque sea un número entero, nunca lo sepa. Pero sí sé que hay algo que no leí nunca. Me corrijo, leí "opiniones" sobre lo que para mí no se escribió nunca.
Nadie explica satisfactoriamente lo que nos mueve a hacer cosas de forma desinteresada. Reformulo: no hay acto desinteresado. Y de ahí viene el origen de la desilusión. Porque las cosas que hacemos (darle una moneda al que canta en el tren, compartir una galletita con un amigo, prestar un apunte, comprarse un pullover, estar escribiendo esto), todas, las hacemos porque hay alguien viendo, hay alguien ahí, existiendo al lado mío.
Comer también. Ir al baño también. Amar también. No amar también. Y hacemos sabiendo que algo de todo lo que hicimos queda en la nada, y nos acostumbramos a no sentir la desilusión. Pero está y nos constituye. Querer hacer algo por otros nos hace querer estar en soledad, pero la soledad no es estar o sentirse solo. Es sentirse demasiado uno más. ¿Cómo sentirse uno más, si no sólo porque existe otro?
Si alguien conoce algún autor/a que hable de esto, lo invito a que me lo comunique. Saciaría (creo) mis ganas de entender por qué necesitamos del otro para después terminar haciendo cosas que en el fondo sólo nos hacen sentir más solos.